“EL RELATO DE PARTIDO ES UN PRETEXTO PARA LLEGAR A LA GENTE”

“EL RELATO DE PARTIDO ES UN PRETEXTO PARA LLEGAR A LA GENTE”

Se acaba de publicar el libro El relato de los relatores - Charlas en las trasnoches de Radio la Red (Sudestada). En esta charla, el autor refleja lo que es el amor por la radio, por el fútbol y por el periodismo.

Antes de viajar a cubrir su segundo Mundial de fútbol, el periodista Leonardo Gentili publicó su primer libro, El relato de los relatores - Charlas en las trasnoches de Radio la Red (Sudestada), basado en largas entrevistas realizadas en su programa de radio El alargue, que iba en plena madrugada de domingo. Si bien esos encuentros fueron con referentes culturales de distintos ámbitos -actores, escritores, músicos-, Gentili apuntó en este caso a los relatores, quienes, como cita a Walter Saavedra, “leen en voz alta lo que los jugadores escriben con los pies”.

Con prólogo de Víctor Hugo Morales, en este trabajo desfilan las conversaciones con el mencionado Saavedra, además de Osvaldo Wehbe, Walter Nelson, Atilio Costa Febre, Alejandro Fantino, Rodolfo De Paoli y Miguel Simón. El cierre es con la entrevista a Víctor Hugo Morales. “Cuando era chico y jugábamos a la pelota en la vereda, en mi barrio, Parque Chacabuco, muchos soñaban con ser futbolistas; pero yo soñaba con ser Víctor Hugo. Ya escuchaba los partidos de fútbol en la radio de mi abuelo. Por supuesto que Víctor Hugo no tenía ni la menor idea de que había un pibito en Parque Chacabuco que lo escuchaba. Y mientras lo escuchaba aprendía”, sonríe, con cierto tono melancólico, el periodista y relator de, entre otros medios, ESPN, además de La Red.

–¿De dónde te viene el amor por la radio?

–Creció bajo el influjo de mi abuelo Humberto y de mi papá Osvaldo y de mi mamá Norma, que ya no están conmigo, pero me siguen acompañando desde otro lugar y me transmitieron ese amor, porque la radio era una integrante más de la familia. Entonces escuché desde pequeño estos sonidos, esas voces, esas transmisiones. Los programas eran eclécticos: mi viejo, muy fanático del automovilismo deportivo, Carburando, Campeones, Coche a la vista; le gustaban Carlos Rodari y las trasnoches de Enrique Alejandro Mancini, el Negro Dolina. Mi abuelo era fanático de las transmisiones de fútbol del Gordo Muñoz: todavía no había desembarcado Víctor Hugo Morales en la Argentina. Aquello todavía lo recuerdo como si fuera hoy. La radio se escuchaba en la cocina de esta misma casa a la que volví a vivir ahora. Así que desde chiquito me fui metiendo en ese mundo sin saberlo. De pequeño comencé a crear un vínculo con el medio que ni yo sabía en ese momento que se estaba creando y que me termina llevando a relatar fútbol por la radio, a estar hace mucho tiempo trabajando en los medios de comunicación, a cubrir mundiales y a escribir este libro. Todo lo generó la radio.

–¿Relato de relatores es un libro de madrugadas, con algo de bohemia?

–Enrique Pichon-Rivière decía que a la madrugada nos juntamos aquellos que le tememos a la muerte para ahuyentarla. Pero además ese espacio radial era de encuentro, en el que podíamos expresarnos de una manera diferente a como lo hacíamos durante el resto del día. A la madrugada es diferente el oyente; escucha de otra manera, con otra atención, con otro interés; no está envuelto en la vorágine de la cotidianidad, en esa inmediatez de bajarse de un colectivo, de subirse al tren. La trasnoche tiene otro espíritu, con un oyente más genuino. En ese contexto de madrugada, instalamos esa bandera del reencuentro, de la charla, de la reflexión. Cuando empezamos con esas charlas, ni por asomo había pensado en reflejarlas en un libro.

–¿Cuándo entendiste que tenías un libro?

–La idea surgió a partir de un tachero que un día me llevó y me contó que él escuchaba esas charlas y que le significaban una gran compañía porque lo acompañaban mientras trabajaba en las madrugadas de los fines de semana. Al rato agregó: “Vos tendrías que volcar esas charlas en las páginas de un libro”. Con el tiempo hablé con un par de amigos y coincidimos en que era una muy buena idea. A mí me surgió rápidamente como referencia el libro que editó Planeta, Hablemos de fútbol, con las charlas de Víctor Hugo y (Roberto) Perfumo con distintos protagonistas del fútbol en el programa que hacían en ESPN.

–¿Cómo definirías a este trabajo?

–Creo que también es un justo reconocimiento a grandes narradores, a tipos que nos mejoran la vida con su arte, con su canal de expresión, que es la narración deportiva. Incluso funciona como testimonio que sobrevive a tipos como Saavedra y el Turco Wehbe, maravillosos compañeros de ruta que ya no están en este plano de la vida, pero siguen estando, entre otros lugares, en las páginas del libro.

–¿Qué es para vos, más allá de lo habitual, el relato de fútbol?

–El relato deportivo es un buen pretexto para llegar a los oyentes no solamente a través del fútbol, sino con los conocimientos que cada relator puede tener. Conocimientos que muchas veces van más allá del deporte en sí mismo y que sirven para mejorar una transmisión, el relato de un gol, la apertura de una transmisión, y aportar al oyente desde un lugar que tal vez le sea desconocido. Por eso digo que el vehículo es maravilloso, porque a partir del fútbol y del relato también se puede llegar por otros lugares a aquel que está escuchando.

La Argentina más allá del fútbol

–Sabiendo que te interesa la actualidad del país y del mundo, ¿cómo sentís que incidirá este Mundial en la atención de la gente de cara al avance de la derecha?

–Históricamente, se ha utilizado al deporte para tapar situaciones. Que los que manejan el poder quieran tapar o necesiten tapar lo que ocurre en el país y en el resto del mundo, creo que volverá a pasar. Porque además estamos atravesando una coyuntura en la cual todo aquello que hay que tapar o minimizar es lo que termina dañando a la clase media baja de la sociedad, que en gran medida es la que se aferra a la pasión del fútbol, a la ilusión del fútbol, como herramienta para tener al menos por un rato, por 90 minutos o un poquito más, un poco de alegría. Por lo tanto, creo que el fútbol será usado una vez más. Aunque tal vez ahora ese intento de tapar la realidad será más perverso y cruel si tenemos en cuenta la poca sensibilidad de los que hoy están gobernando el país, que son los grandes sectores de poder.

–¿Qué opinión tenés ante este fútbol cada vez más adaptado al negocio, aun basado en la pasión que genera?

–Lo pasional es en definitiva lo que terminó siendo la semilla que hizo que el fútbol creciera no solamente en lo deportivo, sino en todo lo que lo rodea: el encuentro con los amigos, el barrio, el aliento, el ir a todas partes aunque ya no se puede porque los visitantes no pueden concurrir. Por lo que creo que todo aquello que se modifique en pos del negocio termina alejando al fútbol de su verdadera esencia, que tiene más que ver con lo emotivo que con el dinero y los negocios.

–¿Cómo imaginás al fútbol después de este Mundial?

–Es que el fútbol tal cual aprendimos a quererlo desde chicos seguirá vivo en la gente, en los hinchas, en nosotros, en cómo aprendimos a amarlo. Esto, mientras vivamos quienes nos criamos de esa forma, lo seguiremos manteniendo vivo. De tal modo que en su esencia el fútbol no va a cambiar. Para un sector vasto de la sociedad que entiende el juego o el fútbol como lo entendemos nosotros, no va a cambiar.

–¿Te gustaría hacer una segunda parte de esas charlas de ·El alargue"?

–Me gustaría, sí, para que puedan tener su lugar todos los relatores que pasaron y que no entraron en esta primera edición. También los grandes maestros del periodismo, más allá de los relatores: Cherquis Viajo, Julio Ricardo, Fernando Niembro, Alejandro Apo, Alejandro Fabbri. Y gente de otros ámbitos como Pepe Soriano, Gerardo Romano, Mauricio Dayub, la Tana Rinaldi. Tantas historias de vida que tan generosamente se han contado en esas trasnoches, tipos como Eduardo Sacheri, Palo Pandolfo, quien se apareció una trasnoche para cantar en vivo. Por eso digo que hay tanto para escribir, porque realmente las historias que contaban merecen ser conocidas.

–¿De qué manera llegás a la lectura?

–De una forma muy loca. Cuando estudiaba periodismo, uno de mis profesores era Julio Ricardo. Le pedí laburo; pensé que me iba a decir que vaya a la redacción de un diario, a una radio o la tele a ver a alguien para dejar un currículum. Pero el hombre me dio una lección que me sirvió para toda la vida y por la cual hoy estoy en el lugar en el que estoy, haciendo lo que hago y de la manera en la que lo hago. Porque el tipo, ante mi sorpresa, me dijo que la mejor manera de llegar a los medios es leyendo. “¿Cómo leyendo?“, le pregunté. ”Leyendo biografías, ensayos, novelas, cuentos, textos que trasciendan al fútbol; y leé de fútbol también, si querés". Era tanta la avidez que yo tenía por llegar a los medios que empecé a leer más, empujado por eso que quería que por el placer a la lectura en sí. Lo que ocurrió fue que, a medida que empecé a leer, le empecé a encontrar el gustito. Y hoy soy un ávido lector, un fanático lector, descontrolado lector. Tengo una biblioteca desbordante de libros de todos los géneros con diferentes autores. Eso se lo debo a aquel consejo temprano de Julio Ricardo.

–¿Qué les dirías a las nuevas generaciones de periodistas?

–Lo mismo: que lean. Porque muchos quieren llegar, movidos por la avidez de ser famosos, de ser conocidos. Pero famoso puede ser cualquiera: ahora me desnudo, atravieso la Avenida Corrientes desnudo y voy a ser famoso, al menos por un día. Pero algo muy diferente es ser reconocido, prestigioso. Es una elección. Porque para ser reconocido o para intentar ser prestigioso hay que recorrer un camino que lleva tiempo. Es el camino de la búsqueda de la excelencia que, aunque no la encuentres, te asegura estar cada día un poquito más cerca, porque en esa búsqueda vas a ir metiéndote en la literatura, en la música, en el teatro, en el cine. Todas las ramas que te mejoran como persona y como profesional.

–Hay quienes dicen que el periodismo, tal como lo conocemos, está desapareciendo…

–Amo el periodismo porque entiendo que sigue siendo la herramienta para que la gente sepa qué es lo que pasa y por qué pasa. Más allá de que este momento no es el mejor del periodismo, ni de los medios, ni de los periodistas. Pero cuando se lleva adelante la profesión con hidalguía y con compromiso y con el único objetivo de comunicar, de contar, de investigar, se está ejerciendo un periodismo que no va a morir. El periodismo no va a morir mientras haya periodistas.