UN CAMPEONATO QUE NADIE QUIERE CAMBIAR

UN CAMPEONATO QUE NADIE QUIERE CAMBIAR

La histórica e intachable consagración de Belgrano de Córdoba como campeón del Torneo Apertura, refuerza las razones de la mayoría de los dirigentes para aferrarse a este formato disyuntivo que tienen los campeonatos del fútbol argentino. En apenas 20 partidos, 16 de la fase regular y cuatro de playoffs, la “B” logró llegar a un título que viene persiguiendo desde 1968, el año en el que por primera vez disputó un torneo de la AFA. Seguramente, no hubiera podido, o al menos se le habría hecho bastante más complicado, si en vez de estos 20 juegos, hubiera tenido que afrontar los 38 que incluye el tradicional certámen de 20 equipos, todos contra todos a dos ruedas.

Platense el año pasado y ahora Belgrano han recibido los beneficios de un formato accesible que no recompensa la marcha regular a lo largo de una temporada, sino el pique corto y el envión ganador que se consume en un par de jornadas. Platense había salido sexto en su grupo y construyó su fortaleza en los mano a mano, yendo de visitante contra Racing, River y San Lorenzo y sacándolos de carrera. Belgrano entró quinto en la zona B. Y también se consolidó en los playoffs, eliminando a Talleres, su rival de toda la vida, y a Argentinos en calidad de huésped. Queda claro entonces que la fase regular sólo sirve a los efectos de clasificarse, sin importar demasiado dónde y cómo. El verdadero campeonato son los cuatro cruces de playoffs en los que todo lo anterior vale de poco y cualquiera le gana a cualquiera.

Para los altos mandos de nuestro fútbol, un certámen así de competitivo e imprevisible, que les da oportunidades de salir campeones a equipos de menor lustre y economías no tan robustas, es un activo que distingue a la Argentina de otros países más aferrados a la costumbre, donde los títulos tienen menos pretendientes. Desde que el año pasado se instaló este formato, se consagraron Platense (Apertura), Estudiantes de La Plata (Clausura), Rosario Central (tabla general 2025) y ahora Belgrano. A los que debe sumarse Independiente Rivadavia de Mendoza por la Copa Argentina del año pasado. Los dos gigantes, River y Boca, no suman estrellas nacionales a sus escudos desde 2023. Más que el torneo local, los obsesiona la Copa Libertadores.

Por todo lo expuesto, los dirigentes reniegan de cualquier propuesta de cambio que venga por fuera del ambiente y hacen oídos sordos de las críticas que reclaman un pronto regreso al torneo de veinte equipos y dos ruedas. “Nadie cambia lo que funciona” dicen.

Para fundamentarlo muestran los estadios repletos como medida de la aceptación popular. Y hacen sociologia futbolera al paso: “La gente ya no quiere esperar un año entero para salir campeones, quiere festejar antes y este formato le permite hacerlo dos veces”, responden cuando se les pregunta si alguna vez se volverá a las fuentes. Hemos derivado en una sociedad ansiosa y exitista que demanda satisfacción inmediata. Por eso nadie quiere cambiar estos torneos breves, que han llegado para quedarse.