NADIE QUISO JUGAR LA FINALISSIMA
La cancelación de la Finalissima ante España dejó a la Selección Argentina sin su principal banco de pruebas a tres meses de su debut en la Copa del Mundo ante Argelia. Entre el 23 y el 31 de este mes, los campeones del mundo y bicampeones de América trabajarán en el complejo de Ezeiza. Y el 31 se despedirán del público argentino jugando un amistoso ante Guatemala (94º en el ranking de la FIFA) presumiblemente en La Bombonera. La idea pasa por no correr riesgos exagerados, estirar las piernas ante un rival de ocasión y, de paso, generar un evento en el cual los patrocinantes de la AFA pueden desplegar sus acciones promocionales.
España-Argentina era uno de esos grandes espectáculos que el planeta fútbol estaba esperando. Casi una final del mundo anticipada a noventa días de la máxima competencia. Pero la guerra en Medio Oriente y la altanería de los dirigentes europeos queriendo imponerles condiciones de apuro a los sudamericanos nos dejaron con las manos vacías. España primero quiso jugar de local en Madrid y Argentina previsiblemente se negó porque la neutralidad está contemplada en el contrato fundacional de la Finalissima.
Los presidentes de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y de Conmebol, Alejandro Domínguez, contraofertaron ir a Roma y jugar el 31 en vez del 27 para darle cuatro días más de preparación a los seleccionados. Pero Rafael Louzan, el titular de la Federación española, y el esloveno Aleksandr Ceferin, el mandamás de la UEFA, se negaron al adelanto y ya no hubo arreglo. Sin que los dirigentes se hayan reunido una sola vez cara a cara o vía Zoom, la Finalissima quedó cancelada.
Con algunos datos en la mano, daría la sensación de que, en verdad, ninguno de los dos seleccionados quería jugar ese partido. El negocio era grande y el riesgo deportivo no lo era menos. El técnico Lionel Scaloni incluso lo había dejado en claro en agosto del año pasado. “Me parece que hubo tiempo para jugarla antes. Un partido de semejante importancia, a dos meses del Mundial, yo sinceramente no pensé que se iba a jugar", dijo entonces el entrenador argentino, quien pensaba que una derrota ante España podía ser contraproducente y obligar a replanteos inapropiados a noventa días del Mundial.
Tapia también cree lo mismo: que a los grandes rivales solo hay que enfrentarlos Mundial de por medio y que las fechas FIFA hay que dedicarlas a amistosos de bajas calorías que permitan facturar millones de dólares y crear mística ganadora en el plantel. Como no le ha ido mal con esa convicción, poco espacio queda para la crítica. Más o menos hizo lo mismo antes de Qatar 2022 y volvió con el título del mundo.
Por todo esto, en esta ventana de amistosos, la Selección Argentina volverá a jugar un partido de ocasión mientras sus adversarios se prueban en compromisos de alta exigencia. Scaloni tiene definido el ochenta por ciento del plantel que irá a los Estados Unidos y cree que ahora lo mejor es no mostrar el juego. El técnico de los campeones del mundo y el presidente Tapia sabrán por qué lo hacen.



















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