EL GENIO DE LA PELOTA QUE DEJÓ UNA HUELLA IMBORRABLE

EL GENIO DE LA PELOTA QUE DEJÓ UNA HUELLA IMBORRABLE

“Salid y disfrutad”, fue la frase emblemática que dijo Johan Cruyff a sus dirigidos de Barcelona en 1992, antes de saltar al impresionante estadio Wembley a jugar la final de la Copa de Europa (Champions League) frente a la Sampdoria. Sin charla técnica rimbombante ni arengas desmedidas, su austeridad rompió con la tensión y la carga de semejante evento. El equipo Culé ganó ese partido y por primera vez levantaron el trofeo que les venía negado por el peso de la historia.

Esas palabras del entrenador neerlandés, engloban la parte por el todo de una figura que cambió las reglas del fútbol. Primero como jugador, cristalizando las bases del juego total que diseñó Rinus Michels, en las que la creatividad y el ataque eran vectores de una buena defensa, y luego como director técnico. “Todo el mundo sabe que me gusta el fútbol cuando se juega al ataque, pero para poder atacar antes tienes que defender presionando, y para poder hacer eso debes saber presionar el balón”, planteó el propio Cruyff en su autobiografía 14.

La máxima representación que cristalizó esa idea, teniendo en cuenta las bases filosóficas del Fútbol total, se plasmó en la final del Mundial ’74, en la jugada inicial. Sacó Cruyff del medio, 16 pases en 56 segundos, ningún alemán tocó la pelota, penal para Holanda (hoy Países Bajos), gol. Todo el esplendor de la Naranja Mecánica – aunque, como dice Eduardo Galeano, “nada tenía de mecánica aquella obra de la imaginación que desconcertaba a los adversarios con los cambios incesantes” – en una jugada.

Cruyff fue figura clave de ese fútbol que sirvió de escuela para el mundo y en el que se encuentran arriesgados estrategas que aún, con el cambio de paradigma táctico de lo físico sobre lo creativo, se animan a seguir con la foto del 4-3-3 en pos de sostener un estilo ofensivo. “Quien tenga la habilidad de aplicar el 4-3-3 de la forma adecuada tendrá la recompensa al final. Siempre y cuando elija a los jugadores adecuados”.

Se cumplen 10 años de su muerte – paradójicamente en una fecha en la que el país activa la memoria para recordar uno de los periodos más sombríos de la historia argentina – El 24 de marzo de 2016 decía adiós este ícono del fútbol mundial, luego de batallar contra un cáncer de pulmón. Recibió tres balones de oro y se ubica en el podio de las estrellas planetarias, debajo de Maradona y Pelé. Rebelde, arisco – “A veces no somos un pueblo demasiado simpático y yo soy producto de eso: si necesitas que alguien refunfuñe sobre algo, ¡llámame!” - pensador, discutidor, amante de la belleza del deporte y las cualidades futbolísticas de Alfredo di Stéfano y Bobby Charlton.

“Ha empezado un proceso en el que el futbolista cada vez tiene que correr más y pasa menos tiempo jugando al fútbol, cuando el truco consiste en usar el espacio en el campo de manera que sea la bola y no los pies la que hagan el trabajo”, explicó Cruyff en su autobiografía publicada en 2017. “Lo importante no es correr sino mantener los ojos abiertos y en el juego. Si consigues dominar esto, habrás dominado la esencia del Fútbol Total”.

Esas palabras, hoy tienen lugar en el pensamiento de Pablo Aimar, quien solicita no perder el aspecto lúdico en favor de lo estrictamente táctico. Y antes, estuvo en uno de sus mayores representantes nacionales, Cesar Luis Menotti. “El flaco”, así también le decían a Cruyff. Ambos fumadores, con la elegancia de un escritor inglés y el fútbol como puente trasmisor a ser un deporte que debe alimentarse de otros espacios, otras artes. Un hecho cultural, colectivo y atado a la creación.

“Nunca nada es el producto final, por eso tan importante pensar de forma creativa, seguir progresando”, ponderó Cruyff, quien nunca se quedó relegado al pensamiento dominante, tanto en el fútbol como en la vida. “he tenido la suerte de crecer en una época de innovación. Los Beatles, el pelo largo, la revuelta contra el conformismo, flower power, tú eliges”.

Cruyff fue de todos – como lo recuerda su hijo Jordi -, fuente de inspiración para impulsar transiciones constantes. Una huella reflexiva en el medio de un corolario denominado fútbol, urdido en un devenir ansioso por los millones y no las buenas jugaditas. “Por desgracia, ahora estamos retrocediendo otra vez. La creatividad está siendo atacada porque, cada vez más, las máquinas piensan por nosotros”, anticipó en 2017. “No me han entendido. Ni como futbolista, ni como entrenador, ni tampoco lo que hice después. Pero bueno, Rembrandt y Van Gogh tampoco fueron comprendidos. Esto es lo que aprendes: la gente no deja de molestarte hasta que te conviertes en genio”.